Sobre la vía armada frente a Stroessner

Sobre la obra recientemente publicada de Carlos Pérez Cáceres acerca de los diversos movimientos de oposición al régimen de Stroessner que, como escribe en esta reseña Carlos Martini, «forman parte de una memoria de resistencia frente a aquella longeva dictadura».

«Al final, lo único que tenemos a plenitud es la memoria que hemos tejido», escribe Isabel Allende en su novela Retrato en sepia. Pero ocurre que todo poder, y ni qué decir el autoritario y el totalitario, busca siempre oscurecer los contornos que puedan cuestionar su relato oficial de la historia. En ese sentido, «la lucha del hombre contra el poder es la de la memoria contra el olvido», de acuerdo a Milan Kundera.

Por eso se vuelve esencial esta recuperación de la memoria del horror, pero al mismo tiempo de la resistencia a la opresión que nos presenta el colega Carlos Pérez Cáceres en los dos tomos de Dictadura y memoria (Asunción, 2018). El régimen de Alfredo Stroessner recurrió, desde su inicio el 4 de mayo de 1954 hasta su caída el 3 de febrero de 1989, de manera sistemática a la cárcel, la tortura, el exilio o la muerte para acallar a los sectores contestatarios, en especial a los movimientos sociales, sectores partidarios combativos y a la izquierda.

El abordaje de Pérez Cáceres se centra precisamente en esos grupos para hilvanar estas páginas con la pasión de quien sabe que la memoria se reconstruye también con la voz de quienes fueron reprimidos a sangre y fuego. Aquí queremos exponer una síntesis de lo expuesto por el autor sobre dos experiencias de lucha armada: la iniciada en 1959 y la reprimida en 1976.

El primer capítulo del tomo 1 se denomina «Guerrilla en Paraguay». Aquí vamos a presentar las principales características del Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), «organización que nucleó a dirigentes del Partido Comunista Paraguayo, del Partido Revolucionario Febrerista, del Partido Liberal, Colorado e independientes». Esto ocurría en septiembre de 1959. Poco antes, miembros del Movimiento Alón de los jóvenes liberales, y febreristas, fundaron el Movimiento 14 de Mayo. Ambos en el exilio, principalmente en Argentina y Uruguay. El contexto es importante: el 1 de enero de ese 1959 triunfaba la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro. La vía armada parecía al alcance de la mano.

El 12 de diciembre de 1959, cientos de combatientes del 14 de Mayo ingresaron por distintas partes de la frontera con Argentina. El 13 de junio de 1960 ingresaba la Columna Ytororó del FUNLA.

El general Patricio Colmán encabezó una feroz represión sin contemplaciones en un enfrentamiento que prácticamente no tuvo prisioneros. Fue una represión de exterminio con los métodos más aberrantes, sobre todo en la primera mitad de los sesenta. Además, las incursiones guerrilleras no contaron con acompañamiento de campesinos y no se produjo ningún levantamiento popular.

Esta iniciativa armada se dio en momentos en que la dictadura se consolidaba en el marco de la Guerra Fría. El respaldo estadounidense a la naciente dictadura fue muy importante. Además, ya habían sido desarticulados los movimientos estudiantil, sindical, los sectores disidentes del Partido Colorado marcharon al exilio o fueron encarcelados y las Fuerzas Armadas se convirtieron en una instancia libre de sospechosos que no comulgaran con el naciente stronismo.

En el mismo capítulo, Pérez Cáceres analiza la Organización Político Militar (OPM) que comienza a ser desarticulada entre el 3 y el 5 de abril de 1976. El autor señala que la «OPM se planteaba la destrucción del régimen vigente en el país… era necesaria la constitución de un ejército popular revolucionario (EPR) como brazo armado del movimiento».

La OPM logró adhesiones en sectores campesinos organizados y estudiantiles. No llegó a ejecutar acciones guerrilleras. Una vez más, el aparato represivo del régimen, ahora ya dirigido por los tristemente célebres Pastor Coronel en Investigaciones y el general Benito Guanes en Inteligencia de las Fuerzas Armadas, derrotó esta iniciativa armada.

Y así Carlos Pérez Cáceres articula los dos tomos con diversas experiencias de mujeres, de trabajadores, de campesinos y de la izquierda. Y nos propone una hoja de ruta para entender aquellos intentos contrarios al régimen. Que, con sus aciertos y errores, ya forman parte de una memoria de resistencia frente a aquella longeva dictadura.